Ingredientes que necesitamos
- 45 ml de vodka
- 90 ml de zumo de tomate
- 15 ml de zumo de limón recién exprimido
- 2-3 golpes de salsa Worcestershire (salsa Perrins)
- 2-3 gotas de tabasco
- 1 pizca de sal de apio
- 1 pizca de pimienta negra recién molida
- 1 rama de apio y 1 rodaja de limón (decoración)
- Hielo en cubitos
Preparación
- Primer paso - Preparar el vasoLlena un vaso alto tipo highball con cubitos de hielo para que vaya cogiendo frío mientras preparas la mezcla.
- Segundo paso - Mezclar los ingredientesEn un vaso mezclador o en la parte grande de la coctelera, con hielo, vierte el vodka, el zumo de tomate y el de limón. Añade la salsa Worcestershire, el tabasco, la sal de apio y la pimienta.
- Tercer paso - Rodar la mezclaPasa la mezcla de un vaso a otro cuatro o cinco veces, sin agitar. Esta técnica, llamada rolling, enfría e integra los ingredientes sin que el tomate se vuelva espumoso.
- Cuarto paso - Servir y decorarTira el hielo del vaso alto, pon hielo nuevo y cuela la mezcla. Decora con una rama de apio y una rodaja de limón. Prueba y rectifica de picante si hace falta.
Historia del Bloody Mary
Como ocurre con muchos clásicos, el origen del Bloody Mary está rodeado de versiones contradictorias. La más extendida lo atribuye a Fernand Petiot, un barman que trabajó en el Harry's New York Bar de París en los años veinte y que más tarde se trasladó a Nueva York, donde habría perfeccionado la receta añadiendo las especias. Otra versión sostiene que fue el actor y humorista estadounidense George Jessel quien popularizó la sencilla mezcla de vodka y tomate.
Tampoco está claro de dónde viene el nombre. Se suele relacionar con la reina María I de Inglaterra, a la que sus detractores apodaron así, aunque también hay quien lo vincula con una cliente o una amiga de alguno de sus supuestos creadores. Lo que sí es seguro es que hoy figura en la lista oficial de la IBA y que es un fijo en los brunch de todo el mundo.
Variantes del Bloody Mary
- Virgin Mary: la versión sin alcohol, con todos los ingredientes menos el vodka. Más ideas en cócteles sin alcohol.
- Bloody Caesar: muy popular en Canadá, sustituye el zumo de tomate por una mezcla de tomate y caldo de almejas.
- Red Snapper: cambia el vodka por ginebra, que aporta notas herbales.
- Bloody María: con tequila en lugar de vodka, ideal si te gusta el toque agave.
- Bloody Mary a la española: un chorrito de fino o de manzanilla y una pizca de pimentón de la Vera le dan un acento muy nuestro.
Consejos para que salga perfecto
- Buen zumo de tomate: es el ingrediente principal, así que elige uno espeso y con sabor. También puedes triturar y colar tomates maduros.
- No lo agites: agitar con fuerza el zumo de tomate lo vuelve espumoso y aguado. Mejor rodarlo o removerlo con cucharilla.
- Picante a tu gusto: empieza con poco tabasco y ve añadiendo. Puedes sustituirlo por rábano picante rallado para un picor más fresco.
- Borde salado: escarcha el borde del vaso con sal de apio o con sal y pimentón. Tienes más ideas en decoraciones de cócteles.
- Todo frío: guarda el zumo de tomate en la nevera para necesitar menos hielo.
¿Cómo acompañar el Bloody Mary?
Al ser un cóctel salado y especiado, combina con platos contundentes y con sabores marinos:
- Marisco: ostras, gambas cocidas o mejillones al vapor.
- Huevos: huevos benedictinos, rotos con jamón o una tortilla de patatas.
- Encurtidos: aceitunas, pepinillos y banderillas.
- Bocados de brunch: sándwich club, tostas de salmón o bagels.
Menú con Bloody Mary
El Bloody Mary abre este brunch acompañando al marisco, con el que forma una pareja clásica. El gazpacho continúa el juego del tomate en clave andaluza, y los huevos rotos aportan la contundencia que pide un cóctel tan especiado. La tarta de queso, cremosa y suave, cierra el menú y calma el picante.
Curiosidades
- Un clásico del brunch: su perfil salado y especiado lo ha convertido en el cóctel de referencia de los almuerzos tardíos de fin de semana.
- Decoraciones extremas: en algunos bares se sirve coronado con brochetas de beicon, gambas o incluso miniburgers.
- Perfecto en avión: el zumo de tomate es una petición muy habitual a bordo, y hay quien sostiene que en altura su sabor umami se percibe más.







