Un lienzo en blanco que deja brillar la fruta, el café o las especias.
El vodka es un destilado de sabor muy neutro, elaborado normalmente a partir de cereales o patata. Precisamente esa discreción es su gran virtud en coctelería: no compite con el resto de ingredientes, sino que aporta cuerpo y deja que la fruta, el café o las especias sean los protagonistas. Eso lo hace también muy agradecido para quien empieza: es difícil que un cóctel con vodka salga mal si los demás ingredientes son buenos y las medidas son correctas.
Por eso los cócteles con vodka son tan variados. El Cosmopolitan es sofisticado y afrutado, con arándano y lima. El Moscow Mule se sirve con cerveza de jengibre en su taza de cobre. El Espresso Martini es el gran cóctel de sobremesa, y el Bloody Mary, salado y especiado, es el rey del brunch. Para fiestas de verano, el Sex on the Beach es un clásico afrutado.
También encontrarás el Martini en su versión con vodka y el Black Sand, una creación propia inspirada en las playas de arena negra de Canarias.
La copa de cóctel bien fría es la mejor aliada del Cosmopolitan y del Espresso Martini; el Bloody Mary y el Sex on the Beach lucen en vaso alto con mucho hielo. Decora con piel de lima, unos granos de café o un tallo de apio según el cóctel: tienes más ideas en decoraciones de cócteles y en tipos de vasos y copas.
Errores frecuentes
Café frío o de cápsula aguada en el Espresso Martini. Sin un espresso recién hecho y con cuerpo no se forma la espuma.
Zumo de arándano demasiado dulce en el Cosmopolitan. Si el tuyo lo es, compensa con algo más de lima.
Agitar la cerveza de jengibre. En el Moscow Mule se añade al final, directamente en el vaso, para que no pierda el gas.
Bloody Mary sin probar. Las especias, la sal y el picante varían mucho según la marca de salsa y de zumo de tomate: ajusta siempre antes de servir.
Que el vodka apenas se note en boca no significa que tenga menos alcohol: bebe con moderación y nunca si vas a conducir.